40 días que duran toda la vida

40 días.

 

40 pasos.

 

Por la mañana, abro mi tapete, doblo la cobija, me siento.

 

Primero viene sat nam. Después un mantra de protección. Segundo los movimientos lentos. Poquito a poquito despertando mi cuerpo. Giro los hombros, giro la cabeza, los giros bajan hasta la columna, igual el calor, baja, y se apodera de la espalda, de las piernas, de la cabeza. La energía empieza a moverse.

Dos minutos, estiramiento del nervio de la vida. Tres minutos, piernas saltan arriba y bajo hasta los glúteos. Tres minutos, contracción-extensión de las piernas. Y así la kriya fluye. Equilibrio de prana y apana. Equilibrio entre la tercera chakra y la chakra del corazon. Entre la fuerza del punto del ombligo y la dulzura del corazón.

 

No son tan fáciles estos 40 días. Al principio haces esfuerzo. No entiendes. No sientes nada. Esto te enfade. Quieres dejar todo, pues las otras personas viven felices sin estos movimientos raros. Y aquí viene el compromiso. Ya empezaste los 40 días, no hay modo de romper esta línea mágica. Si se rompe, nunca sabrás que te espera. Si no empiezas el camino no sabras que te espera al final.

 

Mientras sigues día, tras día, por la mañana abres tu tapete, doblas la cobija .... Algo en ti cambia. Los movimientos se llenan de sentido. Ya no se mueven tus brazos. Sientes que la energía los mueve. Sientes una fuerza enorme dormir entre tus manos, esperando paciente la hora de actuar. Como un tigre grande, haciendo su siesta pero atento a cualquier movimiento, a cualquier sonido. Ya dejas de contar los días, 40, 41, 50. Ya contar los días no tienen sentido, porque la kriya se volvió a ser tu y tu eres parte de estos movimientos raros. Es bello. Es kundalini yoga. Es tu vida.

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